Esperanza, próxima estación


   Una vez más, bajo la pócima de la esperanza, el atinado: “una vez que llegue a ese lugar seré libre, una vez que haga esa práctica (risas primordiales)”, me conformé con lo que el tráfico vehicular me ofrecía, esto es, me conformé con lo que era ese momento: nada.

   Vivir en la nada, en lo que es, despierta a la verdad que soy. Esto es vitalidad y realidad. Vivir con la expectativa de algo mejor, en un momento futuro, es la eterna zanahoria.

   Un día mi hijo pequeño me dijo: “Papá, ¿a dónde van aquellos hombres que corren?”. Se refería a un grupo de hombres que hacían jogging con mucho ímpetu en un parque. Efectivamente, se me quedó grabada esa observación. ¿A dónde iban? ¿Y a qué lugar maravilloso y mejor iban a llegar?

Comments