Sueño de frustración

‪El mundo‬ ‪
como un sueño‬
‪lleno de apegos y aversiones‬ ‪
parece real‬  ‪

~Shankaracharya‬

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Hay que estar siempre ebrio. Todo se reduce a eso; es la única cuestión. Para no sentir el horrible peso del Tiempo, que os destroza los hombros doblegándoos hacia el suelo, debéis embriagaros sin cesar.

~Charles Baudelaire


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Vamos pues a jugar a esto que es un sueño o sucumbir ante la tentación de ser un bebedor anónimo. (Sueño de Frustración).

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 Siempre fui un diletante, un extraño, un outsider, a final de cuentas un personaje en los márgenes del mainstream. Un personaje que, en algunas ocasiones incomodaba a gente. Tienes una presencia muy fuerte, me decía una amiga, intimidas con tu mirada. Hasta que vi mi verdadera naturaleza y pude ser libre (¿quién vio esa naturaleza, quién pudo ser libre?)

 Esto no quiere decir que ese personaje no aparezca de vez en cuando. El síndrome conocido como el Mal de Baudelaire.

 Aparece cuando las condiciones dentro del sueño son ideales. Cuando los factores de riesgo que crearon a ese personaje, están allí. Una reunión. Un evento. Una congregación de personas que conviven en torno a sus falsos yoes.

 Esa es una de las condiciones, de los panoramas para que ese personaje aparezca y exija. Es muy predecible. Dejo que aparezca y que haga lo suyo (¿quién deja?), aunque a veces, debo admitir, es imposible no dormirse y jugar a Baudelaire.

 Dado uno de esos casos, el sueño se hace como un hoyo negro o vortex que succiona a los condicionamientos antiguos y se cae en la tentación de creer en el sueño como algo separado y peligroso, donde se tiene que sobrevivir poniéndose un disfraz. Volver a creer en Baudelaire.



 "La dualidad es un vortex de energía que te hace creer en él. Necesita de tu creencia para que siga subsistiendo", le digo a Mehdi, al llegar a un evento social donde nos invitaron por separado, pero llegamos juntos.

 Rápidamente encontramos a un grupo de hombres en el lobby bar, chupando la teta del vino para sobrevivir la velada.

 "El vortex me empieza a succionar", dice él. “Voy a necesitar un aliciente. Algo que me mantenga a salvo de este desastre metafísico.”

 “Todo es un sueño”, le digo, “ya hemos hablado de este tema. No caigas ante la tentación de creer que es otra cosa. Sé tú, mientras los demás se hunden en el sueño.”

 “Voy a tener que beber”, me dice Mehdi, “no sé si sobreviva. No hay alternativa.”

 Entramos al salón donde se lleva a cabo el evento y es imposible no sentir la succión de la ilusión. La energía se disuelve en el hoyo negro donde están todos los personajes, moviéndose con un frenesí discreto, volteando a todas partes en busca de algo (de ellos mismos) hasta que el mesero aparece (de la nada) y les pone una botella de cerveza en la mano (o copa de vino) y es como un biberón que se empinan y el chupón se pega a sus bocas y la cerveza fluye y están dormidos, hipnotizados por las luces de la fiesta y todos, con sus miradas discriminantes (ya menos agresivas), haciendo de este sueño algo intolerante (¿para quién?).

 “Hay que estar ebrio”, dice Mehdi, "es la única opción. Para no sentir el peso. Tú también debes embriagarte." Lo veo perderse entre un grupo de personajes que brindan efusivamente con shots de tequila. Yo me quedo sólo y al poco tiempo, también estoy bebiendo una cerveza de 2 x 1, cortesía de los meseros diligentes (el sueño cuida de los suyos).



 Más tarde, Mehdi está enervado. Nos reunimos en una mesa y hacemos una revisión de los hechos, un recuento de lo sucedido.

 “De forma que esto es un sueño”, dice él. “Pero parece muy real. Te atrapa, te jala, te hace dudar de si uno no está creando esta idea disparatada para evadir la realidad.”

 “Es tan real como lo que hiciste ayer. ¿Pero, dónde quedó lo de ayer? ¿Realmente sucedió? ¿Qué evidencia hay, un pensamiento?”

 Una mujer, un ama de casa, nos escudriña con una mirada indignada. Un hombre, con porte de burócrata, sentado en una mesa de enfrente habla con otro semejante a él. Una mujer no más de 20 pasa en su vestido corto, incitando a que la vean; su personaje depende de eso, de que lo vean, admiren, deseen.

 “Es que todos son mejores”, dice Mehdi, gritando entre los vapores y ruidos de la fiesta, “mejor situación económica, mejores personas, mejores sentimientos, mejores amistades, mejor ropa. En cambio nosotros, en esta evasión de que es un sueño.”

 “Las condiciones propicias para que el sueño sea más pertinente e importante, ¿no? Más urgente, más envolvente.”

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